Cerrado por vacaciones

Quería escribir simplemente un par de líneas para dar por cerrado este blog durante lo que queda del período estival. Si durante estas dos últimas semanas esto ha estado bastante inactivo, lo más probable es que siga así hasta septiembre. Pasaré el mes de agosto, como muchos otros, de vacaciones en la costa este de Estados Unidos, con poco tiempo por tanto para escribir. Aprovecho la ocasión para desearos unas felices vacaciones, para aquellos que las vayan a tener, y un no demasiado caluroso agosto, para aquellos que tengan que seguir trabajando.

Nos leemos en septiembre.

Enlace permanente » · Escrito el: 05-August-2008 · · Sin comentarios »

El Senado español y sus paradojas

Pese a los esfuerzos del Gobierno de Zapatero para revitalizarlo, lo cierto es que el Senado sigue siendo una de las instituciones más desconocidas por el ciudadano medio. Concebida en su origen con el propósito de convertirla en una cámara de representación territorial, al estilo del Bundesrat alemán, ya desde su configuración legal en la Constitución parecía condenada al olvido. Debido a sus limitadas competencias legislativas (que la degradan al nivel de mera “cámara de corrección gramatical”), a su complejo sistema electoral (que la mayoría de votantes no entienden) y al progresivo abandono que ha sufrido por parte de los partidos políticos (relegándolo al papel de “cementerio de elefantes políticos”), el Senado de nuestro país ha perdido todo protagonismo en la vida política, a la espera de una reforma que nunca acaba de llegar.

Sin embargo, en clave electoral, hay varios elementos relacionados con el Senado que, aunque sea a nivel puramente anecdótico, me parecen interesantes. El primero de ellos es el referente a los resultados de los comicios de 2008 en los que, como en 2004, se dio la paradoja de que el partido más votado no se convirtió en el partido con más senadores. Como vemos en la tabla bajo estas líneas, el PP fue el partido que mayor número de senadores obtuvo (101), pese a tener menos votos que la suma de PSOE y ENTESA (coalición PSC-ERC-ICV en Catalunya)[1]. Si contabilizamos además los senadores designados por las Comunidades Autónomas, la ventaja del PP sobre el PSOE aumenta aún más, hasta los 8 senadores[2].

Tabla 1: Resultados elecciones 2008 al Senado

Fuente: datos del Ministerio del Interior y del Senado, en www.senado.es

La segunda paradoja es que, como vemos, los partidos nacionalistas y regionalistas tienen una menor representación en el Senado que en el Congreso, pese a ser ésta primera la “cámara territorial”. Así, es curioso comprobar cómo también en este caso se repiten los dos sesgos a que hacíamos referencia al hablar sobre el sistema electoral para elegir el Congreso de los Diputados: el sesgo mayoritario (los dos partidos grandes obtienen un mayor porcentaje de senadores que de votos) y el sesgo conservador (debido al “peculiar” prorrateo electoral y a la distribución geográfica de los votantes de cada partido, el PP - antes UCD - sale muy beneficiado en el reparto de los escaños).

Y una tercera paradoja es la relativa al número de candidatos que los partidos deciden presentar en cada circunscripción. La ley electoral permite presentar, en principio, tantos candidatos como escaños a ocupar (en las circunscripciones peninsulares, cuatro), para que los votantes luego decidan (votando un máximo de 3 nombres) cuáles prefieren. En la práctica, sin embargo, la mayoría de partidos optan por presentar únicamente tantos candidatos como votos tienen los ciudadanos (es decir, 3), para evitar la dispersión de los votos entre los miembros de la lista.

Pero, ¿es ésta una decisión racional? Lo cierto es que no siempre: cuando el partido más votado en una circunscripción supera por un amplio margen de votos a su contrincante, un uso “estratégico” de la posibilidad de presentar hasta 4 candidatos podría ser especialmente beneficioso. Vamos a verlo con un ejemplo algo extremo, pero real: los resultados de las elecciones al Senado por la provincia de Barcelona en las pasadas elecciones.

Tabla 2: Resultados elecciones 2008 al Senado (Barcelona)

Fuente: datos del Ministerio del Interior (en cursiva los senadores electos).

Como se puede apreciar en la tabla 2, la coalición Entesa Catalana de Progrés (formada por PSC, ERC e ICV) obtuvo 3 de los 4 senadores, con un total de votos que duplicaba de sobra el apoyo electoral del segundo partido, CiU, que obtuvo el otro senador. Imaginemos ahora por un momento que la coalición hubiera decidido presentar un nombre más (uno conocido, como por ejemplo el de la diputada Lourdes Muñoz). Y pongamos por caso que los votantes, por una afortunada casualidad o por una súbita claridad mental (como la que ocurre en el “Ensayo sobre la lucidez” de Saramago), redistribuyen sus votos a partes iguales entre los cuatro candidatos, tal y como se refleja en la tabla 3. En síntesis, lo que ocurriría sería que los votantes de la Entesa (1.360.000, aprox.) se dividirían en 4 partes iguales (de 340.000 votantes), con un perfil de preferencias diferentes. Por ejemplo, el votante “tipo II” votaría por Arqué, Guillot y Muñoz.

Tabla 3: Resultados elecciones hipotéticas al Senado (Barcelona)

En consecuencia, en estas “condiciones óptimas”, la Entesa conseguiría los 4 senadores de la circunscripción (la quinta candidata más votada sería Candini, con poco más de 600.000 sufragios). Y la cuestión es que, lejos de tratarse de un caso aislado, un rápido vistazo a los resultados en el resto de provincias catalanas (tabla 4) arroja una curiosa conclusión: si la coalición hubiera jugado bien sus cartas, y los electores se hubieran coordinado adecuadamente, la Entesa Catalana de Progrés hubiera podido obtener todos los senadores catalanes.

Tabla 4: Resultados elecciones 2008 al Senado

Está claro que es más fácil verlo una vez pasadas las elecciones que antes de ellas, cuando existe un claro riesgo de que la jugada salga mal y se acaben perdiendo 2 de los 3 senadores. Pero en aquellas provincias en que un partido obtiene una abultada mayoría (Murcia, Sevilla, Ávila, Salamanca, Huelva, Jaén, Segovia…), no sé hasta qué punto sería descabellada la idea de presentar como ‘número 4′ de la lista a una persona relativamente conocida por el público, que fuera capaz de atraer votos (y a ser posible, con un apellido que empiece por una letra “de las últimas”), para intentar maximizar el número de senadores de cada partido.

En fin, ésta no deja ser una de tantas otras curiosidades relacionadas con esta segunda cámara política en nuestro país, de la que tan poco se suele hablar. Para quien le interese el tema, Alberto Penadés e Ignacio Urquizu han publicado al respecto varios artículos y monografías muy interesantes, que han servido de inspiración para esta entrada.

[1] Tomo como referencia los votos al Congreso de PP y la suma de PSOE, ERC e ICV. Es evidente que estas cifras son diferentes de las de votos al Senado, pero los estudios sobre este tema han demostrado que la amplia mayoría de los ciudadanos suele votar lo mismo en ambas papeletas. En cualquier caso, independientemente de las cantidades exactas, es más que evidente que el PP obtuvo menos votos pero más senadores que el PSOE + Entesa.
[2] PP = 101 senadores de elección directa + 24 de designación autonómica (se incluye un independiente de UPN). PSOE = 86 senadores de elección directa (PSOE) + 10 senadores de elección directa (dentro de la Entesa) + 2 senadores independientes de elección directa + 19 senadores de designación autonómica (se incluye un independiente del PSM). En total, PP = 125; PSOE = 117.

Enlace permanente » · Escrito el: 17-July-2008 · · 2 comentarios »

Ganar en las urnas y (aún más) en las encuestas

Retomando el análisis de la Encuesta Post-Electoral del CIS, hay una cuestión sobre la que me gustaría reflexionar. Es ya bien conocida la sobreestimación que estas encuestas vienen realizando del porcentaje de votos del partido ganador y del la proporción de ciudadanos que votaron, pero en este caso concreto las diferencias son las más altas en mucho tiempo: en porcentaje sobre el censo, otorga al PSOE un 40% (el real fue del 32%), al PP un 24% (el real fue del 29%) y al abstencionismo 13% (el real fue el 26%).

Esto nos obliga a plantearnos dos cuestiones ineludibles: ¿por qué tanta diferencia? y ¿afectan estas sobreestimaciones a las conclusiones que podamos extraer de estos datos? En esta entrada intentaré lanzar algunas hipótesis sobre este tema, apoyándome en un par de artículos, bastante interesantes, referidos al caso norteamericano: “Sure, I voted for the winner!“, de L. Rae (1999), sobre la sobreestimación del voto al nominado en las primarias en las encuestas postelectorales del ANES; y “Winning at the polls and in the polls” (cuyo título he tomado “prestado”), de F. Mattei (1998), sobre la sobrerrepresentación de la ventaja de los congresistas “incumbents” en estas mismas encuestas.

En primer lugar, y antes de comenzar a formular posibles hipótesis, vamos a comparar los datos de las encuestas post-electorales del CIS con los resultados reales (en ambos casos, sobre el total de la muestra/censo). Como podemos comprobar en la tabla, con la única excepción de 1996, las encuestas tienden a sobreestimar el porcentaje de votantes del partido ganador en las elecciones y a infrarrepresentar el porcentaje de votantes del perdedor. En términos de participación electoral, la diferencia entre los datos de la encuesta y los datos reales arrojan una diferencia relativamente estable, alrededor de los 10-12 puntos.


Fuente de los datos: Encuestas Post-Electorales del CIS 1989-2008 (datos de la encuesta sobre el total de la muestra) y Ministerio del Interior (porcentajes sobre el total del censo).

Se trata, por tanto, de diferencias que en prácticamente todos los casos superan el margen de error de la encuesta y que, en consecuencia, podrían restar valor a las conclusiones que podamos extraer de su análisis. Ahora bien, ¿por qué tanta diferencia? Sin conocer a fondo el funcionamiento interno de estas encuestas, y de modo puramente especulativo, se me ocurren seis posibles hipótesis, muchas de ellas interrelacionadas:

1. Hipótesis de un mal diseño del cuestionario: elementos tan aparentemente insignificantes como el tipo de pregunta (abierta, cerrada…), su enunciado concreto o su posición en el cuestionario podrían tener un gran impacto sobre la tasa de respuesta o si ésta es coherente con la realidad.

2. Hipótesis de la falta de cobertura: como consecuencia de un mal diseño de la muestra, es posible que determinados grupos de población quedaran infrarrepresentados en ella.

3. Hipótesis de la “espiral de silencio: es posible que los votantes del partido perdedor tengan una menor inclinación a mostrar el verdadero sentido de su voto debido a que el resultado de las elecciones no concuerda con sus preferencias. Siguiendo más estrictamente los argumentos de Noelle-Neuman, en estos casos la opinión mayoritaria de los ciudadanos adquiere una posición hegemónica en el debate público, resultando casi imposible escapar de ella para mostrar una visión contraria.

4. Hipótesis del “votante no sofisticado”: es frecuente que muchos ciudadanos, como resultado de su reducido interés por la política, retengan poca información sobre las elecciones en su memoria. Si la encuesta, como es el caso de las del CIS, se realiza varias semanas después del día de los comicios, muchos de ellos “no recuerdan” a quién votaron o ni siquiera si fueron a votar.

Como resultado, su respuesta no se basa en el “recuerdo de voto”, sino en una reconstrucción de los factores que tuvo en cuenta a la hora de votar (sería algo muy cercano, en definitiva, a su “intención de voto” en el momento de la encuesta). Dado que la percepción de estos factores cambia a lo largo del tiempo, y que después de las elecciones suele tener lugar un crecimiento en popularidad del ganador (efecto “bandwagon”), en detrimento del partido perdedor (que en este caso ha coincidido además con una crisis interna), la consecuencia de todo ello es que los encuestados podrían afirmar haber votado al PSOE cuando en realidad votaron al PP o se abstuvieron.

5. Hipótesis de la menor tasa de respuesta entre los perdedores: otra posibilidad a considerar es que la muestra infrarrepresente a los votantes del partido perdedor por la simple razón de que éstos evitarán responder una encuesta sobre cuestiones electorales, como resultado de su “decepción” con el contexto político resultante de los comicios. Lo mismo ocurriría en el caso de los abstencionistas que, por tener un menor interés por la política, también estarán menos dispuestos a responder a un cuestionario de este tipo.

6. Hipótesis del “efecto Hawthorne: uno de los problemas derivados de las encuestas tipo panel (como parece ser la encuesta post-electoral de 2008) es que los encuestados podrían tener un incentivo adicional para informarse más sobre política o para participar, a sabiendas que posteriormente serán preguntados sobre su comportamiento.

Cada una de estas hipótesis tiene diferentes implicaciones y diferentes grados de verosimilitud para el caso español, que no comentaré con más profundidad para no alargar en exceso esta entrada. En todo caso, ¿cuál de ellas podría explicar mejor las diferencias entre los datos de la encuesta y los resultados reales? Habría que contrastarlo empíricamente (seguramente no sería demasiado complejo), pero a priori la tercera y cuarta hipótesis son las que parecen tener mayor relevancia para explicar lo relativo al partido ganador y perdedor, mientras que la segunda y quinta se ajustarían más a la infrarrepresentación de los abstencionistas.

Por último, una pregunta obligada es: ¿podemos dar por buenas las conclusiones a las que lleguemos mediante la utilización de esta encuesta? Desde mi poca experiencia en el manejo de modelos estadísticos, mi opinión es que depende de muchos factores. Por ejemplo, de si este “desajuste” entre realidad y encuesta se distribuye uniformemente entre los diferentes grupos sociales o, por el contrario, se concentra en alguno de ellos. Me explico: si los votantes “reales” del PP que respondieron en la encuesta que votaron al PSOE son precisamente aquellos más sensibles a los factores coyunturales y menos “anclados” al voto de un partido concreto y, por tanto, los que varían su voto de una elección a otra, es evidente que el hecho de “clasificarlos” mal dificulta nuestro entendimiento sobre por qué votaron en realidad al PP. De igual manera, si los abstencionistas incluidos en la muestra no son representativos del total de abstencionistas “reales”, resulta arriesgado hacer inferencias sobre, por ejemplo, qué características sociodemográficas favorecen la abstención.

Esto no quiere decir, para concluir, que debamos desechar directamente la posibilidad de utilizar este tipo de fuentes de datos. Desafortunadamente, un problema muy común en las ciencias sociales es esta “sombra de duda” que pende sobre la mayoría de estudios que, por definición, no pueden ser experimentales. Estos márgenes de error, sin embargo, no son tan importantes cuando una investigación se sustenta en un buen esquema teórico, cuando la metodología a seguir es rigurosa y objetiva, y cuando las hipótesis están bien planteadas. Aún así, creo que es importante reflexionar sobre la calidad de los datos de que disponemos antes de ponernos a trabajar más a fondo con ellos.

Enlace permanente » · Escrito el: 15-July-2008 · · 2 comentarios »

Corrupción y economía

Cuando escuchamos la palabra “corrupción”, inmediatamente nos vienen a la mente imágenes de líderes políticos (presidentes, ministros, alcaldes, concejales, secretarios generales…) que se aprovechan de los privilegios derivados de su cargo para enriquecerse a nivel personal, otorgar favores a familiares y amigos, debilitar a sus contricantes electorales, etc. Sin embargo, un estudio más detallado de esta patología - la corrupción política - nos indica que, pese a ser la que mayor repercusión mediática suele tener, no es ni de lejos la más frecuente en la mayoría de los sistemas políticos.

Y es que, en muchos países del mundo, lo más habitual a la hora de tratar con la administración pública es verse obligado a sobornar a los funcionarios (corrupción administrativa) para realizar cualquier tipo de trámite. De igual manera que también es relativamente frecuente, en el ámbito empresarial de algunos países, que la colusión entre compañías o la difusión selectiva de información privilegiada (corrupción empresarial) llegue a tal punto que sea imposible garantizar la libertad de mercado. Incluso la evasión fiscal, cuando se convierte en un elemento estructural del sistema político, puede llegar a ser considerada también un determinado tipo de corrupción (por así llamarla, la corrupción “ciudadana”). Cuando, desafortunadamente, estos cuatro tipos de corrupción se combinan en un único país, el sistema político sufre severas dificultades para mantenerse a flote, no ya únicamente a nivel político, sino también económico.

Sin embargo, pese a que este efecto negativo de la corrupción sobre la economía parece intuitivo y trivial, en la literatura sobre la cuestión han existido muchas voces discordantes con esta hipótesis. Se ha argumentado, por ejemplo, que la corrupción era la respuesta, desde el punto de vista de la teoría de la elección racional, a incongruencias entre las decisiones del gobierno y las presiones provenientes del mercado. Por así decirlo, la corrupción “engrasaría el mecanismo” de la toma de decisiones, aumentando su eficiencia desde un punto de vista estrictamente económico. Por ejemplo, el hecho de conseguir ilegalmente una licencia de obra para construir una refinería de petróleo en un terreno protegido podría aumentar el crecimiento en la zona. Otra hipótesis que se ha apuntado para “justificar” la necesidad de la corrupción es la relacionada con los sobornos a los funcionarios: como éstos realizarán de forma más rápida los trámites para los que han recibido una mayor suma de dinero, se ahorrará el tiempo de aquellas personas cuyo tiempo tiene un valor superior (porque serán las que mayor poder adquisitivo tendrán). Incluso se ha llegado a afirmar que la existencia de una fuente de ingresos “no oficial” para los funcionarios públicos puede ser beneficiosa, porque permite fijar salarios más bajos, de forma que el gobierno puede destinar estos recursos a otros usos “más productivos”. Por último, en el caso español, como ya comenté, tras las elecciones de 2007, un argumento recurrente en los ciudadanos que seguían apoyando a alcaldes corruptos era que “había mejorado mucho el pueblo en los últimos años”, “que había atraído la inversión de grandes empresas, generando así más puestos de trabajo” o incluso que “gracias a las prácticas corruptas, ahora tenemos un campo de fútbol en el pueblo”.

Estas hipótesis, que claramente tienen un propósito político detrás (justificar la corrupción), pueden ser fácilmente rebatidas de manera también teórica. Sin embargo, es igualmente interesante comprobar cómo la propia realidad económica de los diferentes países contradice estas ideas. Vamos a verlo con un par de ejemplos. En los siguientes gráficos de dispersión se muestra la correlación existente entre el nivel de corrupción en cada país (medido a través del Índice de Percepción de la Corrupción 2007, elaborado por la organización Transparencia Internacional) y dos variables de tipo socioeconómico: el logaritmo del PIB per càpita en 2007; y el Índice de Desarrollo Humano de la ONU en 2007 (que mide el bienestar a través de tres variables relativas a la educación, la esperanza de vida y la riqueza).

GRÁFICOS 1 y 2: log. de PIB per càpita 2007 (Y1) y Índice de Desarrollo Humano 2007 (Y2) según Índice de Percepción de la Corrupción 2007 (X)

Fuente de los datos: Fondo Monetario Internacional (PIBpc); Human Development Report 2007/08, UNPD (IDH); y Transparencia Internacional (IPC). *Escala del IPC: 0 (máxima corrupción) - 10 (mínima de corrupción).

Como ya se intuye en los gráficos, la correlación en ambos casos es muy fuerte y significativa: los países con mayor índice de corrupción tienen un menor PIB per cápita y un menor nivel de bienestar; en los países con menos corrupción existe un nivel más elevado de riqueza y bienestar. Y aunque alguno de estos indicadores (especialmente el relativo a la corrupción) presenta algunas deficiencias metodológicas, podemos otorgar una relativa fiabilidad a estos resultados.

Ahora bien, ¿podemos concluir de estos datos que es la corrupción lo que dificulta que estos países mejoren sus niveles de riqueza y bienestar? Es decir, ¿la corrupción causa pobreza o es la pobreza lo que facilita la corrupción? Es difícil responder a esta pregunta, aunque la respuesta más probable es que la relación sea recíproca. Por un lado, es cierto que prácticas como las que mencionaba en la introducción a esta entrada reducen las posibilidad de crecimiento económico de una sociedad. Por poner un par de ejemplos, la malversación de caudales públicos o la evasión fiscal pueden limitar los recursos que se destinan a gasto en infraestructuras. Sin embargo, por otra parte, también es verdad que en países que previamente ya eran pobres es más fácil que afloren este tipo de prácticas, dado que el Estado carece de suficientes medios como para luchar contra ellas de manera efectiva. En este sentido, es posible que incluso ambas variables estén influidas por una tercera, externa a ellas pero fuertemente relacionada: la calidad del diseño institucional, que puede generar incentivos a la corrupción y que puede determinar de igual manera el grado de riqueza y bienestar de una sociedad.

En cualquier caso, retomando el punto central de mi argumentación, lo que es evidente es que, al contrario de lo que algunos autores han argumentado, la corrupción de ninguna manera puede ser considerada como un mecanismo para impulsar el crecimiento económico. Las prácticas corruptas, tan tristemente frecuentes en nuestro país en el ámbito municipal, deben ser perseguidas y castigadas sin excepción. Y opino que desde los medios de comunicación sería muy importante también hacer un poco de pedagogía sobre las nefastas consecuencias a medio y largo plazo que la corrupción tiene no únicamente sobre la desafección política o la legitimidad de nuestra democracia (que también) sino de igual manera sobre el grado de riqueza o pobreza de nuestros pueblos y ciudades.

Enlace permanente » · Escrito el: 08-July-2008 · · 7 comentarios »

Primera lectura

El pasado viernes el Centro de Investigaciones Sociológicas publicó en su página web (¡por fin!) el avance de resultados del estudio post-electoral sobre los comicios de este 2008. Y aunque aún tendremos que esperar algo más para poder disponer de los microdatos, con los que podremos elaborar análisis ya un poco más refinados a nivel individual, lo cierto es que los cruces por variables sociodemográficas y políticas que ofrece el CIS ya son por sí mismos extremadamente interesantes. Si a esto añadimos que la encuesta es tipo panel (lo cual nos permite tomar como variable de control el voto en 2004 y, más adelante, seguramente también la intención de voto) y que el cuestionario está perfectamente elaborado (en mi opinión, es el mejor de todos los estudios postelectorales realizados hasta la fecha - mi enhorabuena para los responsables, pues), el cóctel resultante debería hacerle la boca agua a cualquier politólogo.

Un primer vistazo a una de las cuestiones centrales, las transferencias de votantes entre partidos de 2004 a 2008, permite confirmar algunas de las intuiciones a que hacíamos en anteriores entradas: el PSOE crece a costa de IU y los partidos nacionalistas; y entre PSOE y PP se produce un intercambio de votantes favorable en términos netos a éste último.

Otro aspecto interesante al que debemos prestar la atención es la distribución de los votantes de cada partido en la escala ideológica, que, como ya comentamos, es el eje principal en que se articula el juego político en nuestro país (junto con el eje centro-periferia, en algunas comunidades autónomas). En los siguientes gráficos (2008, en grande; y de 1993 a 2004, más pequeños, click para ampliar) se refleja la distribución de los encuestados en dicho eje. El valor ‘0′ hace referencia a los que no se ubicaron en la escala. Los porcentajes están calculados no sobre el total de cada posición sino sobre el total de votantes. Aunque esto resta claridad al gráfico, he optado por mostrarlo así porque de esta forma podemos observar también la evolución en la distribución de los votantes a lo largo de las elecciones.

__________1993_______________1996_______________2000_______________2004__________


Fuente: Estudios Post-Electorales del CIS
Izq* = suma de los % de voto de IU, ERC y BNG.
Dcha* = suma de los % de voto de PNV y CiU.

Aunque el hecho de que en el avance de resultados se agrupen los valores de 2 en 2 dificulta la comparación entre las diferentes elecciones, parece confirmarse la tendencia creciente a la “unimodalidad” en la distribución a lo largo del eje (es decir, los ciudadanos cada vez más tienden a agruparse de acuerdo a una curva normal y no una curva con - casi - dos modas, como ocurría hasta 1996), aunque en estas últimas elecciones el ‘votante medio’ se ha desplazado levemente hacia la izquierda respecto 2004 (4,56 frente a 4,65), recuperando un nivel que no se alcanzaba desde 1989 (también 4,56; el resto de los valores: 1993 = 4,67; 1996 = 4,71; 2000 = 4,90).

En lo que respecta a la decisión por votar o abstenerse, los datos de 2008 muestran como la mayor bolsa de abstencionistas se encuentra entre los votantes “de centro” y los no ubicados y no entre los votantes de izquierda (desmintiendo la hipótesis de la “izquierda abstencionista”).

Por último, los gráficos confirman que el centro-derecha y la derecha son terreno casi exclusivo del PP. Las victorias del PSOE se fundamentan, por tanto, no en conseguir conquistar el centro, sino en convencer al electorado de izquierda, mucho más numeroso que el de derecha (es la famosa “mayoría natural de izquierdas“). Desde esta perspectiva, las victorias del PP se sustentaron, más que en avanzar hacia la izquierda, en “arrastrar” a votantes de centro-izquierda hacia el centro-derecha y en desmovilizar a los votantes de izquierda (algo que se comprueba muy fácilmente comparando los gráficos de 2000 y 2004). Sería interesante complementar estos gráficos con algunos datos sobre la ubicación ideológica de los partidos según los votantes. Echo de menos en el cuestionario de la encuesta alguna pregunta de este tipo, aunque supongo que se habrá excluido por algún motivo.

Un par de observaciones más sobre los resultados de la encuesta. La primera relativa a los debates electorales entre Rajoy y Zapatero. Como cabía esperar, parece que no tuvieron un efecto relevante sobre el resultado: tan sólo un 1,5% de los encuestados afirma que cambiaron su voto después de verlos. Es probable, eso sí, que contribuyeran a favorecer la participación: a un 7,3% de los ciudadanos, los debates les animaron a votar; y a un 18,6% les reforzaron su decisión de votar al partido que pensaban. De todas formas, habrá que contrastar estas primeras impresiones mediante análisis más refinados, aprovechando además que la encuesta es tipo panel y que incluye preguntas sobre los medios de comunicación que utilizó cada encuestado para informarse sobre la campaña (lo cual da pie a preguntas tan interesantes como: controlando por identificación partidista, ¿afecta el medio utilizado por cada votante para informarse a su interpretación de los cara a cara y, por tanto, también a su voto?).

La segunda de las observaciones es la relativa a uno de los principales enigmas de las elecciones. En la noche electoral, cuando UPD superó todas las expectativas, todos nos preguntamos: ¿de dónde vienen estos votantes? ¿Quiénes son? Aunque el número de votantes de UPD recogidos en la muestra es limitado (sólo 85), y las diferencias en los porcentajes puede que no sean significativas, sirve para ofrecernos una primera respuesta.

Los que optaron por apoyar la candidatura de Rosa Díez parecen tener un perfil escorado hacia la izquierda en temas de contenido ideológico (inmigración, gasto social, adopción por parejas homosexuales, religiosidad…), ubicándose de media en el 4,88 (aunque habría que atender también a la desviación típica de este valor, no recogida en el avance de resultados). En temas territoriales y de política antiterrorista, por el contrario, tienen una postura mucho más cercana a los ‘populares’ que a los socialistas, de acuerdo también a su posición en la escala de “españolismo”. Respecto a su procedencia, en su mayoría provienen del PSOE (36,2%), el PP (27,8%) o la abstención (22,9%).

Por último, y confirmando su carácter de “partido de intelectuales”, sus votantes son los que tienen un perfil de estudios más elevado: un 43,5% de ellos tiene estudios superiores, frente a un 7,35% del PSOE, un 11,4% del PP o un 13,2% de IU. Como cabe esperar de este nivel de estudios más alto, más del 50% de los encuestados que afirman haber votado UPD ostenta un estatus socioeconómico calificado por el CIS como “clase alta o media-alta”, muy por encima del resto de partidos (por ejemplo, 14,7% del PSOE, 19,6% del PP o 29% de IU).

Enlace permanente » · Escrito el: 30-June-2008 · · 6 comentarios »

Esperando un nombre

A escasos días del largamente esperado Congreso del PP en que se elegirá el equipo que liderará el partido durante los próximos años (al menos hasta 2011) aún se mantiene en al aire la gran incógnita: el nombre que elegirá Rajoy para acompañarle como ‘número 2′ de su candidatura. Más allá del debate sobre quién será en concreto esta persona, la decisión está cobrando un especial protagonismo, debido a un simbolismo que nadie se esfuerzan por ocultar: optar por un candidato con un perfil más moderado podría ser la confirmación del nuevo rumbo político que parece estar tomando la formación conservadora a raíz de las elecciones del 9M.

Esta nueva estrategia del PP estaría basada en una renovación tanto de cargos como de contenidos y formas. Por un lado, durante los últimos meses, Mariano Rajoy ha aprovechado las retiradas de líderes especialmente escorados hacia la derecha o el radicalismo (Acebes, Zaplana, San Gil…), que ocupaban cargos de mayor visibilidad mediática, para sustituirlos por otros percibidos como más "centristas" por el electorado (Sáenz de Santamaría, García Escudero, Basagoiti…). Por el otro, la labor de oposición durante estos meses ha dejado de lado el discurso apocalíptico del "se rompe España" y la "rendición del Estado ante ETA" para centrarse en temas como la crisis económica, la inmigración o el paro patronal de transportistas; que, sin abandonar el tono catastrofista, son tratados con una actitud diferente (en algunos casos incluso constructiva). Y eso por no hablar de su disposición a pactar con el gobierno en materia antiterrorista o a abrirse a posibles pactos con los nacionalistas; cuestiones éstas en las que hay que felicitarles por haber recobrado una cordura que jamás deberían haber perdido.

Los objetivos de esta nueva línea de acción política serían dos. En primer lugar, la estrategia de la moderación busca ganar terreno por el centro político, arrebatando votantes al PSOE. En segundo lugar, y de forma simultánea, lo que se persigue es desactivar el "voto del miedo al PP", que fue la clave que permitió la victoria de los socialistas, al conseguir aglutinar en torno a sí a votantes provenientes de diversas formaciones políticas minoritarias, temerosos de un nuevo gobierno del PP, que se veía como continuación del gobierno de Aznar de 2000 a 2004. En mi opinión, es éste segundo objetivo el primordial en esta nueva estrategia: no podemos olvidar que el PP obtuvo el 9M prácticamente los mismos votantes que en 2000 le dieron mayoría absoluta, y que, estudiando la distribución del voto en la escala ideológica, ya consiguió recortar de forma significativa la diferencia entre PSOE y PP en los votantes de centro.

Estos dos espacios de competición (el del centro y el del voto del miedo), cuya existencia ya quedó demostrada en elecciones como las de 1993 o 2004, y que en esta ocasión también intuíamos a nivel agregado, se confirman con datos individuales en un reciente - y muy recomendable - artículo de Julián Santamaría y Henar Criado en la revista Claves de Razón Práctica de este mes de Junio.

Una de las más interesantes conclusiones a las que llegan los autores, a partir de datos de una encuesta postelectoral de la empresa Noxa (que, sospecho, podría ser la misma utilizada por el PSOE para su famoso estudio sobre las elecciones), es que en el centro político se produjo un intercambio de votos tanto del PP al PSOE como del PSOE al PP, siendo el saldo positivo para éste último partido. ¿Y cuál fue la causa de este trasvaso de votos? Contrariamente a algunas de las intuiciones que ya expresé en este blog, no fue el leve "giro hacia el centro" durante la campaña, con ese énfasis de última hora en temas económicos o en la inmigración, lo que permitió al PP ampliar su base electoral en este espacio. Fueron todo el debate territorial y su frontal rechazo a la política antiterrorista de Zapatero los temas que más votos le permitieron ganar por el centro. En este sentido, y parafraseando el título del Informe sobre la Democracia en España en 2007 editado por la Fundación Alternativas, de reciente publicación, la estrategia de la crispación fue una derrota (al fin y al cabo, el PP perdió las elecciones), pero no un fracaso, por este motivo que acabo de exponer.

A todo esto hemos de añadir un elemento más: hasta el momento no se ha demostrado con datos de encuesta que el "voto del miedo" al PP fuera el elemento determinante para que el PSOE consiguiera ampliar su base electoral "hacia la izquierda" y hacia posiciones menos centralistas. A pesar de que, efectivamente, parece ser que los que cambiaron su voto eran los que veían a los populares como una formación más radical, no podemos olvidar eso de que "correlación no implica causalidad". ¿Fue esta "actitud" lo que llevó al "comportamiento"? ¿O fue un tercer factor lo que generó la "actitud" y el "comportamiento"? Hemos de tener también presente tres factores más : en primer lugar, en 2004 el PP era prácticamente igual de "radical" o "poco radical" (a gusto del consumidor) que en 2008 (de hecho, uno de los motivos que muchos adujeron para no votarles es que "eran los mismos"); en segundo lugar, ¿los fallos estratégicos de IU, ERC o PNV no tuvieron ninguna relevancia a la hora de explicar su pérdida de votos?; y, en tercer lugar, ¿no es posible que el discurso de Zapatero, más abierto al diálogo sobre temas territoriales, fuera lo que posibilitara también un "voto de premio" al PSOE?

Esta visión de la situación debería llevar al PP a preguntarse: ¿el "giro al centro" es lo correcto para ganar votos? Lo que a muchos ahora le podría parecer una estrategia acertada podría no serlo tanto en un futuro. Un PP más centrado, paradójicamente, podría perder a votantes de centro y derecha (desencantados con su acercamiento a los nacionalistas y su rechazo a utilizar la política antiterrorista como arma partidaria), que pasarían a engrosar las listas de UPD o a directamente no votar. Un PP más moderado es posible que no pudiera conseguir que antiguos votantes de IU, ERC, PNV, BNG…, que optaron por los socialistas en las últimas elecciones, reorientaran de nuevo el sentido de su voto. Un PP que rechazara las tutelas de la COPE o El Mundo, que apartara de su dirección a "notables" como Aguirre, San Gil, Vidal Quadras… podría dar la imagen de ser un partido con fuertes fracturas internas; algo que, como bien sabemos, no siempre es bien percibido por los votantes .

Lo más lógico, claro está, es que esto no ocurra así. Lo que cabe esperar es que, igual que en 1996, la moderación del PP le sirva para recuperar espacio político y para recobrar su capacidad para volver algún día al gobierno. Pero, ¿y si no fuera así? En cualquier caso, durante los próximos meses podremos valorar hasta qué punto esta estrategia le permite mejorar sus expectativas de voto, tanto a nivel nacional como en las diferentes elecciones que quedan hasta 2012. Una estrategia cuya pieza clave conoceremos hoy mismo, cuando Rajoy desvele el nombre de su ‘número 2′.

Actualización. La espera ha acabado: Rajoy elige como ‘número dos’ del PP a María Dolores de Cospedal .

Enlace permanente » · Escrito el: 19-June-2008 · · 2 comentarios »

Y quien se quiera ir, que se vaya

Acción y reacción. Poco más de un mes después de que Rajoy pronunciara, de forma acalorada, estas palabras en un míting en Elche, ya son cuatro las figuras simbólicas que han abandonado el partido (Zaplana, Acebes, San Gil y Ortega Lara). Y cuarenta los dirigentes que, de una forma u otra, han criticado el presunto ‘nuevo rumbo’ que está tomando Rajoy como respuesta a la derrota electoral, materializado en un par de tímidas referencias a la recuperación de ese ‘viaje al centro’ que parece que nunca acabará y a la ‘nominación’ de Gallardón como uno de los candidatos a secretario general del partido.

Desde un punto de vista analítico, es interesante comprobar como esta serie de disidencias no suponen más que un cambio en el modo de canalizar la crítica interna dentro del Partido Popular. De acuerdo a la tríada conceptual sugerida por Hirscham, los miembros de toda organización pueden mostrar su descontento con su funcionamiento actual o alguna de las decisiones de sus líderes a través de tres mecanismos: la “voz” (interna, si no trasciende a los medios de comunicación; externa, si se realiza de forma pública), la “salida” (abandonar el partido) o la “lealtad” (abstenerse de realizar la crítica). La decisión por una u otra vía dependería, a priori, de la estructura de incentivos derivada de la pertenencia a la organización y de cada opción concreta.

En el caso del Partido Popular, la lealtad ha sido la nota predominante durante los últimos 20 años, por varios motivos: los enormes beneficios de pertenecer a un partido ‘grande’ (y con muchos cargos a repartir entre sus miembros), la amplitud de sus principios definitorios (el PP abarca la mayor parte del espectro ideológico a la derecha del PSOE), los enormes costes derivados de la crítica a un partido fuertemente jerarquizado (véase el caso de Piqué, por ejemplo), etc. Sin embargo, esta estructura de incentivos, después de las sucesivas derrotas electorales de Rajoy, ha cambiado, especialmente por el lado de los costes: la pérdida - aunque leve - del liderazgo interno de Rajoy ha propiciado la aparición de nuevos centros de poder en el partido a nivel regional (Madrid, por ejemplo); y la creación de un nuevo partido bastante dispuesto a acoger a los disidentes, así como el desarrollo de nuevas redes de comunicación (y la realineación de ‘viejas redes’) dispuestas a dar apoyo a los heterodoxos han contribuido también a hacer más fácil la crítica.

La resolución de esta crisis es, a estas alturas, prácticamente impredecible. Tal y como comenté hace ya unas semanas, es muy difícil aventurarse a interpretar los hechos de estos días desde el conocimiento parcial que puede tener un observador externo, de forma que lo único que podemos hacer es limitarnos a leer entre líneas lo que los líderes del Partido Popular pueden estar filtrando a la prensa. Hoy precisamente la edición digital de El País abre con la noticia de que Juan Costa podría presentarse como candidato alternativo a Rajoy, para lo cual el propio Presidente del partido podría cederle algunos de sus avales, con el propósito de mejorar la democracia interna y, por ende, también la legitimidad de Rajoy (más que probable ganador).

Sin embargo, la democracia interna no es la panacea que pueda solucionar todos los problemas del Partido Popular. Ni, por lo general, de ningún partido. Por una razón muy simple: es cierto que la democracia crea demócratas, pero es aún más cierto que para que la democracia triunfe, debe existir previamente un sentimiento de democraticidad, en el sentido “przeworkiano” del término (”la democracia es un sistema político en que el gobierno pierde las elecciones”). A nivel interno, el razonamiento es el mismo: para que triunfe la democracia, es importante que sus participantes estén dispuestos a asumir los resultados de la decisión del partido, sea cual sea. Que no se me malinterprete: no estoy dudando del sentimiento democrático del Partido Popular. No. Simplemente tengo mis reservas sobre que determinados sectores del partido estén dispuestos a asumir que Rajoy pueda ganar limpiamente la batalla interna, sin volver a buscar pelea durante los próximos cuatro años.

Concluyo con las cuatro claves centrales que, en mi opinión, subyacen y explican todo este conflicto, y que el tiempo parece estar demostrando como ciertas: los líderes fácticos del partido (al menos, los que cuentan con el apoyo de la ‘brunete’ mediática) sólo se presentarán si saben que ganarán la batalla; la estructura del partido es un factor a favor de Rajoy, y la explotará a conciencia; los medios de comunicación conservadores actuaran como espoleadores de la guerra interna; las nuevas tecnologías jugarán un papel clave en la renovación (SMS, redes sociales, blogs…).

Veremos cómo se desarrolla este conflicto en que, casi cada día, se producen novedades. Para un observador externo, sin duda, el tema resulta poco menos que entretenido. Sin embargo, me preocupan las consecuencias que pueda tener esta crisis en la propia democracia española, y en la ausencia de una necesaria labor de oposición al gobierno, especialmente en un momento de adversidad económica como el que estamos viviendo.

Más | Tres análisis muy acertados sobre la situación actual del PP, en Materias Grises, Sí, Ministro y en Debate Callejero (con la firma de Ignacio Sánchez-Cuenca)

Enlace permanente » · Escrito el: 23-May-2008 · · 6 comentarios »